25.10.2016 |

Más que enseñar una materia, formar personas

El Lic. Daniel Corbo estuvo a cargo de la conferencia “Los jóvenes sin oportunidades, ¿qué hacer desde la educación?”, que tuvo lugar en el CEDEI

El profesor de la Facultad de Humanidades y Educación (FHUM) Daniel Corbo estuvo a cargo de la conferencia “Los jóvenes sin oportunidades, ¿qué hacer desde la educación?”, organizada por el Centro de Documentación y Estudios de Iberoamérica (CEDEI) y la Universidad de Montevideo (UM). El encuentro tuvo lugar el miércoles 19 de octubre en el CEDEI.

El ex Presidente del Consejo de Educación Secundaria comenzó hablando sobre tres puntos que presentan problemas en la situación actual de la educación. En primer lugar, explicó que en el liceo abandonan dos tercios de los alumnos que ingresan. Además, la tasa de egreso de educación media es baja. Esto presenta un problema para la inclusión de estudiantes a la educación formal.

En segundo lugar, habló sobre la falta de equidad. Explicó que la educación “siempre ha sido un instrumento a favor de la igualdad” en la historia del país. En un sistema en el que los estudiantes pueden acceder de forma gratuita a la enseñanza, la educación siempre permitió a estudiantes provenientes de familias con bajos ingresos, salir adelante. Sin embargo, hoy se percibe la “desigualdad social en la distribución de resultados”. Esto significa que los resultados educativos son peores en los barrios de familias de bajos ingresos.

Por último, mencionó el problema en la calidad de los aprendizajes y afirmó que la cantidad de alumnos que llegan a niveles de excelencia es mínima.

Sobre esto, concluyó que Uruguay “se encamina a un país de tercios”, en donde existen los “exitosos”, los “vulnerables” y los “excluidos”.

En esta línea, el ex Consejero del CODICEN dijo que el Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA) revela que Uruguay presenta una gran brecha entre el sector sociocultural muy desfavorable y el favorable: 169 puntos.

PISA se aplica en todo el mundo a jóvenes de 15 años (edad en que en Uruguay los estudiantes están generalmente en tercer año de liceo). En las últimas pruebas de este programa, solo 40 estudiantes del país alcanzaron en el nivel 6, que es el máximo, lo que representa un 0,1%. Por otro lado, aproximadamente la mitad de los alumnos están por debajo de los niveles mínimos: 1 y -1. En Shangái, por ejemplo, casi la mitad de los estudiantes obtuvieron resultados en los niveles 5 y 6. Corbo explicó que aunque esto se detecta en el liceo, el problema viene desde antes.

Agregó que, como resultado de todo esto, se generan tres impactos. El primero implica la pérdida de oportunidades a nivel personal, lo que conlleva a “riesgos de exclusión, vulnerabilidad y falta de acceso al bienestar”.

En segundo lugar, explicó que los problemas en la educación afectan “el tejido de integración social”.

Por último, habló sobre el impacto económico. Opinó que en un país de poca población —lo que representa una desventaja para la economía— antes Uruguay podía competir gracias a su capital humano, pero con los niveles actuales de educación esto es difícil.

El desafío de los educadores: los jóvenes sin proyectos

A continuación, Corbo desarrolló un tema que compromete fuertemente al futuro del país: los llamados “nini”, es decir, los jóvenes que no estudian ni trabajan.

Afirmó que en Uruguay hay aproximadamente 102.000 jóvenes de entre 15 y 29 años en esta situación. En Montevideo son casi 40.000. Dijo que el 54% de la población total de “nini” pertenece al quintil de menores ingresos.

Aclaró también que entre las mujeres algunas se encuentran en esta categoría por maternidad o por la necesidad de cuidar a alguien de su familia.

Sobre los “nini” y estudiantes sin proyectos, expectativas y oportunidades explicó que son “jóvenes sin estribo donde hacer pie”. Y agregó: “Cada vez hay más jóvenes con tiempo pero sin futuro. El futuro es proyecto. Ellos viven en un tiempo lleno de presente”.  

En esto influye también la cultura de lo inmediato. “Los chicos aprenden que interesa lo inmediato y eso dificulta el esfuerzo. El esfuerzo implica posponer la recompensa”, dijo.

Otro fenómeno que repercute en los estudiantes es la evolución a barrios más homogéneos. Sobre esto, relató que antes en un barrio había mayor cantidad de familias de distinto nivel socioeconómico. Sus hijos compartían la misma escuela y esto permitía el intercambio de realidades diversas y “la perspectiva del otro”. Sin embargo, hoy los alumnos de hogares más pobres se nuclean en los mismos barrios con familias parecidas a las suyas y es más difícil que perciban modelos a los cuales aspirar. Asimismo, los estudiantes provenientes de familias con ingresos altos no conocen la realidad de jóvenes con menos oportunidades.

Corbo indicó luego que la raíz de esta crisis educativa son los problemas en la familia. Explicó que distintos factores —como la ausencia de los padres en el hogar por pasar varias horas trabajando— influyen de manera negativa en la vida escolar o liceal de los niños y jóvenes.

La familia es el primer agente socializador de una persona. “Pero si la familia no puede transmitir capitales sociales y culturales porque son bajos, esto debería solucionarse con instituciones fuertes”, indicó.

Además, la ausencia de los padres en la casa implica que a veces los chicos no tengan con quién hablar y no tengan una referencia adulta. Contó que cuando era niño y llegaba de la escuela, su madre se sentaba a su lado para hacer los deberes y ayudarlo. «Cuando me equivocaba no me lo decía directamente, sino que me decía “Esto no nos quedó tan bien, vamos a hacerlo de nuevo”». Explicó que esa figura, que hoy muchas veces no existe y es sustituida por el celular o la televisión, es fundamental en la vida de un niño.

Por esta razón, Corbo argumentó que los profesores tienen que jugar un rol mayor hoy y entender que “no son el profesor de Matemáticas o Historia sino el educador de una persona”. Dijo que los profesores tienen que conocer a sus estudiantes, verlos de forma íntegra, buscar su bien como personas y no solo preocuparse de que aprendan su asignatura específica.

Relató la anécdota de una profesora. En su clase había un alumno que se portaba muy mal y le dificultaba dar clases. Un día, lo sacó del salón. Luego, salió y se sentó en el piso a su lado para hablar con él. El chico le contó sus problemas. Ella lo escuchó y habló con él. Después de eso, la actitud del estudiante cambió. “La educación es un tema de vínculos, de afecto, de escuchar”, indicó Corbo.

Explicó que esto es difícil hoy porque los profesores de secundaria “corren” de un liceo a otro y no están en la institución más tiempo del que dan una clase. Asimismo, indicó que los estudiantes hoy se aburren en clase y no ven que lo que estudian les pueda servir para algo.

Sobre estos dos temas, opinó que la estructura de la educación media debería cambiar. Aseguró que Uruguay tiene un modelo educativo viejo que no se adapta a las necesidades actuales.

Otro de los problemas de este modelo, es que en muchos liceos los contenidos se dan a través de conocimientos en vez de competencias. Esto implica que, por ejemplo, en vez de que un profesor tenga como meta enseñar un determinado tipo de razonamiento —al que podría llegar de la forma que quiera—, el programa le exija dar el contenido de ciertos temas.

Entre los presentes había algunos futuros maestros y profesores. Corbo remarcó la importancia de buscar un sistema educativo y una forma de dar clases que tenga en cuenta los desafíos actuales: “Esto requiere un esfuerzo complejo. No es una cuestión de partidos, es una cuestión de país”. 

Daniel Corbo es Licenciado en Ciencias Históricas por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República y candidato al título de Doctor en Historia en la Universidad del Salvador (Argentina). Fue presidente del Consejo de Educación Secundaria; Consejero del CODICEN de la ANEP y presidió la Comisión de Educación en Valores de la ANEP. Se desempeñó también como Representante Nacional.