26.12.2018 |

Conocimiento cargado de mundo

Escuchar ideas, compartir soluciones, establecer vínculos, vivir experiencias sin fronteras. Esas son algunas de las razones por la que profesores y staff de la UM han viajado a intercambios del programa Erasmus+. Un reportaje para disfrutar el verano

Cuando el último de los representantes de los países que participaron en los Tratados de Roma el 25 de marzo de 1957 levantó la mano después de firmar, quedó sellado el acuerdo que sentó las bases de la posterior Unión Europea. Sócrates, Leonardo da Vinci, Grundtvig y Erasmus son los nombres no solo de cuatro hombres que participaron de la historia del pensamiento occidental, sino también —y por esa razón— de algunos de los programas educativos que promueve la asociación de los países unidos bajo la bandera azul de doce estrellas amarillas.

Erasmus es el acrónimo de European Region Action Scheme for the Mobility of University Students (Plan de Acción de la Comunidad Europea para la Movilidad de Estudiantes Universitarios) y coincide con el nombre en latín del neerlandés Erasmo de Róterdam. En sus orígenes, este programa era para ciudadanos europeos. Luego, el programa Erasmus+ abrió esta posibilidad a estudiantes, profesores y staff universitario de otras partes del mundo.

Erasmus+ cumplió tres décadas el año pasado y, en ese momento, la web del programa afirmaba haber financiado el intercambio de 9 millones de personas por estudio, investigación y capacitación relacionados al mundo universitario. ¿Cómo funciona para fuera de Europa? Una universidad de la Comunidad Europea debe aplicar a un intercambio en el que elige a un país y luego a una universidad de ese estado y esperar que Erasmus+ lo acepte.

Uruguay como país y la UM como universidad han aparecido en las postulaciones exitosas de universidades de Reino Unido, Finlandia, Lituania, Polonia y Turquía. Por esa razón, dentro de la población mundial que ha viajado en estos treinta años, se encuentran alumnos, docentes y personal de la UM. En el siguiente reportaje, algunos profesores y staff que formaron parte del programa en los últimos tres años, cuentan los días de una experiencia de conocimiento cargado de mundo. Capítulos de una misma historia que pueden leerse de corrido o por partes durante el verano. 

Vanella Rabaquino: Abrir la cabeza

En una oficina en la que cuelga un globo terráqueo, y delante de una pared estampada por un mapamundi, está el escritorio de Vanella Rabaquino. Su misión es gestionar los intercambios de los alumnos de la UM que deciden ir a estudiar al exterior. Pero esta vez, la que subió al avión fue ella. Viajó a la Universidad de Essex, en Reino Unido, para una semana de capacitación. En su caso, el programa consistía en entrevistas y encuentros con miembros de la Oficina de Relaciones Internacionales, que le contaron cómo es su trabajo: herramientas de software; hallazgos exitosos; problemas que surgen y la forma de encararlos. Con palabras llenas de un entusiasmo que contagia, relató su experiencia.

Tuvo la oportunidad de participar de la “Pre-departure Conference” de esa universidad, un encuentro para los alumnos de Essex que viajan a estudiar al exterior. Contó que hay una persona de la oficina que dedica todo el año a preparar esa conferencia, que tiene encuentros simultáneos. Relató que al comienzo les explican cómo se va a desarrollar el día y es muy bueno porque es un primer contacto de los estudiantes al “formato conferencia”.

Estar en otro país, permite vivir las virtudes de otras idiosincrasias. Una de ellas —que no podía faltar en Reino Unido— fue la puntualidad: “La conferencia empezaba a las 9:00, pero a las 9:00 cerraron la puerta. Puntualidad inglesa en serio. Fue lo máximo”.

Existen varias conferencias simultáneas durante el día. Entre otras, sobre las distintas regiones, el cuidado de la privacidad en las redes sociales, el terrorismo y una charla central —“Don´t be a case study”— que se repite en todos los horarios y está a cargo del director de la oficina, un australiano que lleva años trabajando en intercambios de estudiantes y ha visto todo.

“Life in Latinoamerica” fue el título de la charla que el departamento de Relaciones Internacionales de Essex le pidió dar a la encargada de intercambios de uruguayos de la misma oficina de la UM. “El enfoque de la charla fue mostrar la variedad que tenemos. En arte, música, comida, etnias. Tenemos montañas con nieve, desiertos, selvas. Todo lo que se te ocurra es Latinoamérica. Hicieron pila de preguntas”.

A medida que avanzaban las entrevistas y encuentros con staff de la oficina internacional de Essex vio que la forma de trabajo y las herramientas son iguales o similares a las que utiliza la oficina internacional de la UM: “A otra escala. Pero está buenísimo saber que vamos bien”. Agregó que ellos agradecían la oportunidad de tener una devolución sobre la forma de trabajo: “También podemos aportar la experiencia nuestra. Lo mismo cuando nosotros recibimos a alguien del exterior, enriquece mucho”.

Relató que cuando los estudiantes uruguayos vuelven de un país, pasan por su escritorio a contarle lo que vivieron. Afirmó que ve un cambio en ellos, en la medida en que luego de eso muchos se plantean ir a hacer estudios de posgrado al exterior. Con respecto a los estudiantes uruguayos, que gracias a una beca de este tipo van de intercambio a países menos habituales, como Finlandia o Polonia, aseguró que les ayuda a salir del esquema tradicional de la “Europa clásica”, “out of the box”, y luego, cuando lo transmiten a sus compañeros, otros eligen ir a esos destinos. Cuando son parte de la vida de otro país, les sucede lo mismo que le sucedió a ella: “Este viaje me abrió la cabeza, me acercó al mundo”.

Mariana Gugelmeier y Margara Ferber: Oriente, Occidente y ser consciente de formar parte de “un universo mucho más grande”

Una ciudad en en dos contienentes, Asia y Europa, y con dos culturas, oriental y occidental. Así es Estambul. A esa mezcla de historias y presentes viajaron Mariana Gugelmeier, en representación de la UM, y Margara Ferber, en representación del IEEM. El destino fue Koç University, en la capital de Turquía, por un programa de Erasmus+. Su objetivo era dar a conocer a la UM y a Uruguay como un destino no tradicional. Guglemeier contó que, para esto, hicieron foco en los elementos que hacen internacional a la Universidad.

Conicidieron con representantes de universidades de Perú, Francia, Líbano, Marruecos, Jordania, Adzbekistán, Tahilandia, China y Taiwán. “Lo que me llamó la atención es como somos tan parecidos y el tipo de trabajo es tan similar, aunque fueramos de lugares tan diferentes”, indicó Ferber.

Gugelmeier es la encargada de Comunicación Instucional de la UM y relató que tuvo la oportunidad de reunirse con el equipo de Comunicación de la universidad turca y hablar sobre su estrategia, “sobre todo en relación a los desafíos que enfrentan con respecto a las nuevas tecnologías”. Ferber explicó que Koç University es una universidad con casi los mismos años que la UM, dio a conocer el programa Latam Outlook y pudo ver el trabajo de sus colegas turcos con respecto a la internacionalización.

La directora de Admisiones del IEEM subrayó que le encanta la historia y, al pensar en Estambul, se le viene a la cabeza Constantinopla, Bizancio y mucho más. Confesó que caminando por las calles turcas derribó varios prejuicios con respecto a la idea de tenía del mundo árabe. Incluso cambió su concepción del sonido que avisa de los momentos de oración a los musulmanes: “Siempre te lo ponen en las películas como un preaviso a algo terrible que va a pasar... y, sin embargo, estando ahí me resultó fascinante. Me pareció que era como escuchar a las campanas de las iglesias en Occidente”.

Agregó que este tipo de experiencias permiten “que te des cuenta de que sos parte chiquita de un universo mucho más grande, sino te parece que lo tuyo es lo más importante”. Piensa que oportunidades como ésta ayudan a abrir los ojos, abren la puerta a la posibiliad de pensar en otros destinos para los intercambios de estudiantes, y son necesarias en una universidad que afirma: “El mundo que buscás está en la UM”. 

Ma. Teresa Rodríguez: Puntos de intersección 

También Gran Bretaña, también Essex, pero en el departamento de Literature, Film and Theatre Studies. Ese fue el destino de Ma. Teresa Rodríguez, profesora de Comunicación Audiovisual de la Facultad de Comunicación (FCOM) de la UM. Con un español muy fluido —con acento inglés— y mirada expresiva, la docente de FCOM habló sobre sus días en el Centre for Film and Screen Media y otros departamentos de Essex.

Durante su estancia en Gran Bretaña, dio tutorías a alumnos que trabajan en sus cortometrajes de final de carrera en ficción y documental. Su propósito era hablar individualmente con cada uno, pero finalmente se unieron todos alrededor de una pantalla en la sala de edición, para ver los trabajos de los demás e intercambiar ideas.

Con un 40% de alumnado extranjero en la universidad, Rodríguez notó la riqueza y variedad del contenido de los proyectos: “Hay diferentes puntos de vista y miradas sobre lo que pasa en el mundo, por las vidas que han tenido”. Una de las estudiantes con las que coincidió es originaria de Somalía, vivió en Noruega, donde permanece su familia, y ahora estudia en Gran Bretaña. Su entrega final era una película de ficción acerca de cómo es ser un inmigrante en Inglaterra, que tiene como tema de fondo la identidad.

“Siempre les digo a mis estudiantes que para hacer cine hay que ser curiosos; hay que explorar. Tienen que preguntarse qué quieren decir, qué van a contar acerca de este mundo”, relató. Agregó que valora que sus alumnos de la UM tengan una “base humanística muy fuerte”. Explicó que es necesario saber historia, literatura, política, arte, para ser un buen storyteller: “La cámara, el sonido y la edición son herramientas para hacer cine, pero lo que es fundamental es una buena historia. Para contar una buena historia tenés que tener curiosidad acerca de lo que pasó y está pasando en el mundo. Si no, podés ser un buen técnico, pero otra persona va a contar la historia”.

La docente de Comunicación Audiovisual dio una charla para la comunidad universitaria de Essex y mostró su última película documental, Niños de la memoria, sobre la búsqueda de niños desaparecidos durante la guerra civil de El Salvador en la década de los ochenta. El encuentro generó preguntas y respuestas. El director del Centre for Film and Screen Media  le recomendó hablar con algunos docentes de la Facultad de Derecho. “¿Si?, ¿por qué?”, preguntó sorprendida. “Porque esos profesores trabajan con derechos humanos”, contestó él. Y fue el inicio de una gran huella de este intercambio: la interdisciplinariedad.

En Essex, la profesora de FCOM vio la sinergia entre las distintas facultades y departamentos del campus universitario. El profesor de Documental le contó que participa de un proyecto junto a un profesor de Psicología. El psicólogo trabaja con soldados que combatieron en la guerra de Afganistán. El cineasta lo mira desde el punto de vista de alguien que “cuenta historias”.

Descubrió así la potencia de proyectos comunes en los que, en el caso de los comunicadores, buscaban dar vida a los datos, “poner una cara humana” a los estudios académicos. “Esto me llevo a la idea de tener más intercambios entre las facultades, porque hay mucha riqueza en cada una, y una riqueza aún más grande si encontramos puntos de intersección entre nuestros intereses e investigaciones”, concluyó.

La conversación con los profesores enfocados en derechos humanos dio sus frutos. Algunos de ellos trabajan con temas de América Latina, por lo que en Essex se abrió la puerta para un proyecto común en el que la distancia de un océano no será impedimento.

Pilar Michelini: La educación primero

África, Europa y América Latina. Delegados de esos territorios se encontraron en la Universidad de Jyväskylä, ubicada en la ciudad con el mismo nombre, en Finlandia. Pilar Michelini fue la elegida para representar a la UM. Por esa razón, dejó su escritorio en la Bedelía de la Facultad de Ciencias Empresariales y Economía (FCEE) durante unos días y voló al país nórdico.

Conoció así una universidad de casi 15.000 estudiantes, una ciudad universitaria con una residencia para alumnos que describió “como una Euskal Herria”, facultades distribuidas en un campus y conectadas a través de senderos en donde muchos se mueven en bicicleta y una cultura muy distinta. Su visita coincidió con la primera nevada y recuerda que “estaba copada”: «“It´s snowing!”, les decía. Y me miraban como diciendo: “¿No hay nieve en el sur?”».

Entre clases, reuniones y entrevistas, conoció las entrañas de esta universidad finlandesa. En los apuntes que sacó esos días, uno de los datos que más llama la atención es el de las solicitudes para la carrera de Enseñanza Primaria. Los últimos resultados de las Pruebas Pisa muestran el ascenso de Asia en educación. Sin embargo, el país báltico en cuestión jugó un rol principal en las primeras posiciones de este ranking a principios del siglo XXI y se mantiene como uno de los mejores de Occidente. Un estudio británico sobre este fenómeno opina que los resultados no son fruto de políticas actuales sino de estrategias —con visión de futuro— de la década de los 70, que se resumen en tres palabras: invertir en educación.

En un país donde el título de maestro es uno de los más prestigiosos y mejores pagos, la Universidad de Jyväskylä recibe cada año un promedio de 8000 aplicaciones de aspirantes a líderes de los más pequeños. A pesar de eso, el exigente nivel de la carrera hace que la puerta de ingreso al salón de clases sea angosta. El dato disponible en el pizarrón era de 2014: el número de aceptaciones de ese año fue de tan sólo 80. Si los números se repiten, la regla de tres muestra un proceso de selección riguroso: sólo uno de cada cien postulantes a profesionales de la tiza y los libros de texto supera el reto cada año.

Descubrió otra diferencia muy grande: no existe bedelía. Esto la sorprendió mucho y vio que no hay una persona de la universidad encargada de la comunicación personal con los estudiantes. Relató que en la UM cuando alguien de la facultad necesita algo, acude a ella: “Es parte de nuestro servicio atender a los alumnos”.

Michael Hobbins: Un impulso a la tecnología 

En una de las oficinas del Departamento de Sistemas, una pantalla marca los pedidos de arreglos y consultas, la persona asignada para resolverlo y el estado del problema. El origen de esa iniciativa surgió en Essex, contó Michael Hobbins, director del departamento, y agregó que luego lo mejoraron con nuevas funciones.

Cuando la Dirección de Relaciones Internacionales le ofreció la posibilidad de capacitarse en la universidad de Reino Unido, Hobbins identificó los temas de los que quería pedir experiencias: herramientas, servicios, forma de trabajo. Envió la propuesta a Essex y desde ahí armaron un cronograma con varias entrevistas y visitas. Ya en Reino Unido, se reunió con personal del Departamento de Sistemas, desde el director hasta los responsables de infraestructura, servidores y equipo; y con miembros de otras oficinas para ver el uso de la tecnología.

“Con las conversaciones que tuvimos me traje un montón de ideas, de soluciones que han implementado y son muy buenas”, aseguró. Algunas de ellas funcionan bien en Essex, y otras no tanto, pero pueden servir como inicio para pensar en algo similar: un salón 360º con pizarrón en todas las paredes y seis proyectores; filmación de clases que los alumnos pueden volver a ver para repasar un tema; escritorios móviles para los profesores; espacios públicos del estilo de los Z Room con material para trabajar; cursos cortos online, a través de una plataforma de Linkedin, para adquirir habilidades labores y conocimientos técnicos.

Además de visitar el campus principal, estuvo en una sede de la universidad al sur de la ciudad, similar a la UM por el volumen de alumnos y por estar en un lugar urbano: “Estuvo bueno porque hubo mucha más afinidad en la problemática operativa del departamento y ahí quedamos en contacto con varias idas y vueltas de experiencias. Con gente del campus central también, después de ir tuve mucho vínculo posterior”.

Miguel Casanova: Doble profesión, profesores e investigadores

Los alumnos de Derecho de la UM asisten durante la carrera a cursos intensivos de Derecho Anglosajón y US Law. Por esa razón, la Facultad de Derecho (FDER) tiene un estrecho vínculo con el Derecho estadounidense y profesores de ese país. El vice decano de FDER Miguel Casanova contó que uno de los objetivos de la facultad es el de internacionalizarse y, en particular, “con el mundo anglosajón”. Por ese motivo viajó a University of Essex, con el fin de aprender de un sistema jurídico “muy avanzado” e introducirse en el mercado inglés.

Derecho Societario es la rama del Derecho privado dedicada a la actividad comercial de las empresas. Es el área de especialización del vice decano de la FDER y también el nombre de la asignatura que imparte. Hace unos años, el alumni y actual docente de la UM viajó a la Universidad de Navarra, en España, para cursar su doctorado. Durante su viaje a Essex, dio una conferencia a profesores de esa universidad sobre un concepto novedoso que desarrolló en la tesis que redactó en Pamplona en torno al “interés social” de las sociedades anónimas. La “noción contractual-dinámica”, como la tituló, tiene el fin de proporcionar una solución a un desafío jurídico actual.

En torno al interés social de las sociedades anónimas existe un enfrentamiento entre dos perspectivas: la contractualista y la institucionalista. La primera, defiende que las empresas deben regirse por el principio de eficacia económica y, de esta forma, dedicarse exclusivamente a generar valor para sus accionistas. Por otro lado, la visión institucionalista sostiene que las decisiones empresariales deben contemplar los intereses de otras personas vinculadas a la compañía, como trabajadores, consumidores y acreedores. El concepto nuevo, que Casanova desarrolló durante su tesis de doctorado, tiene una génesis integradora, que “reconoce la naturaleza —contractual y organizacional— de la sociedad comercial” y busca fusionar los dos conceptos.

Aunque había ido un poco “preocupado” por el inglés, se dio cuenta de que la multiculturalidad de la universidad, y del país, los lleva a buscar el contenido del mensaje, sin preocuparse tanto de la forma: “Lo que les interesa es entender. Si después la gramática inglesa no es la mejor, no pasa nada”. Esta apertura, y el interés por un concepto nuevo que no conocían, logró una conferencia con mucha solidez y dinamismo: “Me quedé contento porque entendieron a dónde iba el tema, debido a que hicieron preguntas que daban en el clavo, algunas realmente profundas”.

Esta relación con la multiculturalidad fue uno de los aprendizajes de este viaje. En un trayecto en metro que hizo en Londres miró el diario de la persona que tenía al lado y vio que estaba en árabe. “Es una cultura el hecho de que haya muchas culturas juntas conviviendo fluidamente”, aseguró. Después de estar inmerso en ese mundo por unos días, opinó que los británicos valoran la riqueza de la mezcla de culturas, aunque implique enfrentar algunos problemas, como el terrorismo. “Su forma de vida es libertad y respeto. Me llamó la atención el respeto al distinto, incluso al diametralmente opuesto de lo que es uno. Todos conviviendo en el mismo lugar y funcionando. Fue muy formativo ver eso”, agregó.

De vuelta en el ámbito académico, contó que en Essex el concepto de universidad está ligado a “la vida de campus”. Al mismo tiempo que nombró las ventajas, explicó que opina que sería necesario estudiar si se podría imitar algo así para el mercado uruguayo, que es distinto. Sobre esto, lo comparó con los sistemas jurídicos que a veces se intentan “copiar de otro lado”, pero luego “no encajan porque es otra cultura, otra tradición, otra cosa”. Dijo también que, en una universidad con 13.000 alumnos como es Essex, vio que el tamaño más reducido de la UM permite una relación más personal y fluida con los estudiantes.

Otra gran marca de este intercambio fue la actitud hacia la investigación. Luego de algunas entrevistas con docentes, descubrió que en este campo el sistema europeo está “más consolidado”. A diferencia de la actividad local, donde únicamente publican estudios los profesores que tienen esa iniciativa y en el momento que quieren, los docentes europeos tienen que cumplir con objetivos concretos y límites de fechas.

Casanova afirmó que le pareció algo muy positivo porque el profesor es “las dos cosas”: docente e investigador. Y lógicamente eso repercute también a la hora de dar clases, porque ayuda a estar actualizado e inmerso en algunos temas. Además, juega un rol muy importante en los rankings de universidades. Aclaró que es necesario el “equilibrio”, porque el riesgo de este procedimiento es “producir sólo para cumplir”. Sin embargo, cree que es algo de lo que se pueden “sacar ideas” y lo ve como una gran meta para “crecer como universidad”.

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Un viaje de intercambio académico abre muchas puertas. Internacionalidad, intercambio entre facultades, comunicación con los estudiantes, tecnología e investigación son algunas de las líneas que surgieron en días —pocos, pero intensos— que dejaron huella. Conocimiento vivido, experiencias sin fronteras, protagonistas del cambio, una brújula que marca el norte. Relatos en primera persona del camino que recorre una universidad.