09.08.2017 |

Un alumni en la Gran Muralla

Nicolás Santo estudió Derecho en la UM. Después de una larga trayectoria, hoy apoya a empresas de América Latina en la estructuración de negocios con China. Participó en la última edición de las TEDx Montevideo

Una noche de setiembre de 2004, mientras estaba en el liceo, le dijo a sus padres que quería estudiar Mandarín. Dos años después, comenzó la carrera de Derecho en la UM. Luego de recibirse, hizo una maestría en Derecho y Negocios con China en la Tsinghua University School of Law de Beijing.

El próximo paso fue la Harvard Law School. Contó que en un momento de ese período encontró en el China Daily un aviso naranja que le llamó la atención. El gobierno de la ciudad de Foshan buscaba contratar a profesionales extranjeros para que lo apoyaran en tareas de promoción del comercio y la inversión.

Integró ese equipo y además lo lideró. Durante esa época, el Financial Times lo describió como “el rostro de una nueva generación de extranjeros ayudando a construir una mejor China”. Hace un tiempo dejó ese trabajo “en busca de nuevos desafíos”. Hoy apoya a empresas de América Latina en la estructuración de negocios con el gigante asiático.

Cuando vivía en Uruguay jugaba al fútbol en el Urreta FC y coincidió, durante un tiempo, con el actual 9 de la selección uruguaya. “¡Con Suárez no es que jugara porque yo fuera igual de bueno que él!”, relató con humor. “Se dio la circunstancia de que coincidimos”. Dijo que hoy pasa mucho tiempo “entre aviones y grandes ciudades”. “Pero cuando tengo unos días libres disfruto haciendo alguna escapada con mi esposa a lugares más tranquilos”, agregó.

Si no fuera por los datos de fechas y la foto, con esta trayectoria sería fácil imaginar a una persona bastante mayor. Sin embargo, el protagonista de esta historia tiene menos de treinta años. Se llama Nicolás Santo y recientemente fue uno de los oradores de la última edición de TEDx Montevideo. Desde el país que hoy es su hogar, y con expresiones muy uruguayas, contó su recorrido hasta la Gran Muralla China.

A los 16 años les dijiste a tus padres que querías estudiar Mandarín. ¿Qué te llamaba la atención de ese idioma y de China, un país que para muchos uruguayos es todavía desconocido?

Siempre me gustó leer la sección de noticias internacionales del diario y, precisamente, lo que generó mi interés en China fue una noticia. Recuerdo que por esos días Hu Jintao —entonces presidente de China— visitaba América Latina y anunciaba que su país pretendía llevar la relación comercial con la región a niveles nunca antes vistos. Por esos días nadie hablaba de China por estos rumbos, pero las palabras de Hu me hicieron pensar que China podía ser una excelente opción de carrera. En aquel momento mucha gente me trataba de loco y me decía que estudiar Mandarín era una pérdida de tiempo. Afortunadamente, la apuesta dio sus frutos y el tiempo me dio la razón.

¿En qué consiste tu trabajo actual?

Hoy divido mi tiempo entre distintos países y proyectos. Aunque dejé mi rol como director del equipo internacional del gobierno de Foshan en busca de nuevos desafíos, sigo íntimamente ligado a la ciudad y una vez al mes estoy allí. De hecho, en las próximas semanas se anunciará una importante inversión de una empresa uruguaya en Foshan, un proyecto que he estado siguiendo por más de un año. Hoy me dedico a apoyar a empresas de América Latina en la estructuración de negocios con China. Además, en conjunto con algunas leyendas del fútbol italiano —entre ellas los ex AC Milán Alessandro Costacurta y Massimo Ambrosini—, fundamos CIC Asia, con el objetivo de contribuir a la transformación de la cultura futbolística del gigante asiático. Esto empezó como un hobby, pero hoy se ha convertido en una actividad con un enorme potencial. Estamos en pleno proceso de expansión y felices con los resultados.

En la entrevista de una publicación de la Facultad de Derecho (FDER) de la UM decías: “Destaco la sólida formación en materia de Derecho y Negocios Internacionales vinculados a América Latina”. Viendo tu trayectoria educativa y laboral, que sobresale por su internacionalidad, parece que esa formación trascendió los conocimientos específicos vinculados al derecho uruguayo. En ese sentido, ¿qué herramientas te dio la UM para estudiar en la Tsinghua University School of Law, la Harvard Law School y para tu actual trabajo?

El sistema educativo uruguayo tiende a encasillarte en una disciplina, pero el contenido multidisciplinar del plan de estudios de la UM se adapta mejor a lo que pide el resto del mundo.  Además, la UM me facilitó el contacto con profesores extranjeros de clase mundial cuyo apoyo y consejo fue fundamental en cada paso de mi carrera. Destaco puntualmente al profesor Jerome Cohen, una leyenda de las relaciones China-Estados Unidos, a quien conocí gracias a que el decano Nicolás Etcheverry lo invitó a participar de una conferencia en la universidad.

Durante tus años en la FDER fuiste el delegado de la clase y en una entrevista para ¿En qué andan? afirmaste que eso te “permitió conocer a fondo a cada uno de los integrantes del gran grupo humano que fue —y es— la generación 2006”. Luego de eso, estuviste al frente de un equipo de profesionales que asesoraban al gobierno de Foshan. ¿Qué cualidades pensás que se necesitan para liderar?

Creo que los componentes claves del liderazgo son tres: dominio de tu área de acción, trabajo a la par del equipo liderado y capacidad de inspirar. Un verdadero líder tiene que dominar al dedillo su área de especialización y su autoridad debe emanar, precisamente, de ese dominio. Pero no se puede quedar solo con eso. Tiene también que arremangarse y trabajar a la par del equipo que lidera. Finalmente, un líder tiene que ser capaz de tocar la fibra íntima de los miembros de su equipo y convencerlos de que el trabajo que están realizando es mucho más que una mera rutina. 

En las TedxMontevideo también dijiste: «A veces a los latinoamericanos nos sucede que por no ser “hijo de” o “amigo de” algunas puertas no se abren. China siempre te va a requerir que hagas un esfuerzo extra, pero a la corta o la larga, te lo va a reconocer». Un poco antes de eso, en una entrevista para la publicación de la FDER, decías: “Mi experiencia en la universidad me permitió ver la cancha desde una perspectiva diferente, y aprender a valorar especialmente la meritocracia”. Luego de esa experiencia en la UM, y de haber estudiado en China y EEUU, ¿de qué forma te parece que la cultura en América Latina podría cambiar para que en el trayecto académico y profesional sea más fuerte la meritocracia que otros factores? ¿Qué rol juega la educación —en las familias y la formal— en este sentido?

Las redes sociales han destapado una realidad incontrastable: vivimos en círculos sociales que no se cruzan. Por un lado está el círculo de quienes tienen acceso real a las oportunidades globales y por el otro el de los que las ven pasar y, como se dice popularmente, se quedan “con la ñata contra el vidrio”. Excepcionalmente aparece algún fuera de serie que logra pasar de un círculo al otro. Pero, generalmente, los del primer círculo se reparten las oportunidades entre ellos y difícilmente levanten un centro genuino a los otros para que se puedan desarrollar por sí mismos y no debajo de la pata de nadie.

En mi opinión, la forma en que la cultura en América Latina tiene que cambiar para que los méritos sean lo que más pese es sencilla: hay que generar oportunidades globales genuinas para aquellos que no nacen en ambientes donde estas oportunidades germinan. Y me permito citar al inigualable Kevin Spacey: “Si has logrado llegar a la cima, una vez que estás allí, es tu obligación mandar el ascensor de nuevo a planta baja para que otros también puedan subir”. Esto es precisamente lo que falta.

Me encantaría ver a un grupo de empresarios exitosos de nuestro país crear un fondo para apoyar a estudiantes universitarios brillantes que sean admitidos en universidades de élite de Estados Unidos, Europa o China. Incluso a adolescentes, para que desde temprano vean la foto de las oportunidades que ofrece el mundo hoy en toda su extensión. Solamente así se podrán desterrar las mentiras respecto del camino de desarrollo que deberían seguir nuestros países, que actores que ocupan posiciones relevantes en nuestras sociedades se han encargado de diseminar durante décadas.

Con menos de treinta años, tenés una gran trayectoria académica y profesional, ¿qué consejo le darías a un joven que se encuentra en la universidad en este momento?

Le diría que en el mundo en que vivimos cada segundo cuenta y que, a pesar de que frecuentemente a esa edad no seamos conscientes de ello, gran parte de nuestro futuro se decide en los años en los que estamos en la universidad. A veces uno se deja estar y decide dejar las cosas para mañana. Pero en un mundo global extremadamente competitivo, dar un metro de ventaja es mucho. Aprovechen al máximo el tiempo, participen en la mayor cantidad de actividades posibles para entender qué es lo que realmente les gusta, analicen quienes son los actores líderes a nivel global y, lo más importante, salgan a comerse la cancha. Por primera vez en la historia de la humanidad —sobre todo gracias a la tecnología— los más jóvenes están en una mejor posición que el resto para generar impacto. Una oportunidad que, si sos joven, no deberías desaprovechar.